Hace unos días tuve oportunidad de tomar un café con Virgilio Dante, autor, y me fui a casa inspirado por sus palabras.
—Debes continuar agregando material a este blog —fueron sus palabras.
Mi justificación, típica de autores inseguros, fue que no gozaba de trayectoria o temáticas que podrían interesar.
—Nunca fui muy informativo.
—Escribe de lo que te plazca. Una broma, un chiste, una anécdota.
—Estoy de acuerdo, pero por favor nada de Obama, Osama, o temas de emigración, política del medio oriente. De hecho soy arquitecto. Eso estudié. Esto de la escritura, para qué negarlo, lo fui adquiriendo durante mis años difíciles de la vida, que aun continúan.
Tomó una servilleta y se limpió la boca.
—Lo haces bien —dijo.
—Para que tú me lo digas, algo habrá de cierto.
4/24/2013
Contigencias.
No hay duda. La lectura impulsa a la escritura. No puede haber uno sin el otro.
———
Entonces qué es lo que hice. Un pequeño experimento. Antes de escribir me hice a la tarea de leer un fragmento de un libro. Una página al menos. Esto como forma de motivación o ejercicio de creación. Hace un tiempo me di cuenta que mi vocabulario sufría cuando dejaba de leer.
———
Entonces qué es lo que hice. Un pequeño experimento. Antes de escribir me hice a la tarea de leer un fragmento de un libro. Una página al menos. Esto como forma de motivación o ejercicio de creación. Hace un tiempo me di cuenta que mi vocabulario sufría cuando dejaba de leer.
Negocio redondo
A lo mejor estoy equivocado—
Hasta hace poco yo era una persona muy agraciada en términos de fe hacia instituciones positivas. Tal es el caso pues, de que uno confía en las escuelas, recintos de educación, pero que con el tiempo, uno empieza a sondear y darse cuenta que en el fondo son unos money making machines.
—Pon una escuela —dice una persona—. Son el mejor negocio.
Esa persona sabe algo de lo que habla. Pero lo que me retorció el estómago es que mis hijos están inscritos en una escuela, perdón, en un negocio.
No es que no me hubiera dado cuenta —las escuelas como negocios—, es solo que en estos tiempos donde la cartera aprieta al estómago, estas cosas pesan más de lo normal.
¿Y porqué son negocios? Por muchas razones que desconozco, pero con señalar que cada alumno aparte de cubrir sus materiales básicos (libros, útiles, etc.), debe incluir el material que usa en la escuela, papel de baño, vasos, resmas para la copiadora, etc, uno atisba cierto grado de comercio. Me pregunto qué sigue. Pagar el agua que se bebe, y finalmente pagarle directamente al maestro.
Hasta hace poco yo era una persona muy agraciada en términos de fe hacia instituciones positivas. Tal es el caso pues, de que uno confía en las escuelas, recintos de educación, pero que con el tiempo, uno empieza a sondear y darse cuenta que en el fondo son unos money making machines.
—Pon una escuela —dice una persona—. Son el mejor negocio.
Esa persona sabe algo de lo que habla. Pero lo que me retorció el estómago es que mis hijos están inscritos en una escuela, perdón, en un negocio.
No es que no me hubiera dado cuenta —las escuelas como negocios—, es solo que en estos tiempos donde la cartera aprieta al estómago, estas cosas pesan más de lo normal.
¿Y porqué son negocios? Por muchas razones que desconozco, pero con señalar que cada alumno aparte de cubrir sus materiales básicos (libros, útiles, etc.), debe incluir el material que usa en la escuela, papel de baño, vasos, resmas para la copiadora, etc, uno atisba cierto grado de comercio. Me pregunto qué sigue. Pagar el agua que se bebe, y finalmente pagarle directamente al maestro.
4/22/2013
4/14/2013
De todas maneras
Extiendo el brazo y tomo una foto que observo con cautela y parsimonia de abuelito. Se trata de una foto tomada en una reunión a la que asistimos. Recuerdo cómo me insistía Tina para que fuéramos.
—Es de una amiga que acabamos de conocer —me dijo poniendo su mano en mi hombro—. Es una fiesta temática, para que me entiendas.
No es que la reunión resultara una estafa —¿cómo era posible saberlo?—, pero cuando vi que algunas mujeres portaban antifaces, presentí que algo andaba mal.
La música sonaba a todo volumen en el pequeño salón de fiestas, rentado para esta ocasión especial. Es decir, la música tronaba con ánimo de dejar sordo al que se dejara. La música descargaba decibeles de potencia desafinada, y las mujeres pronto empezaron a hacer un dance en sus atuendos temáticos de los 70's. Todas con antifaces y todas cargadas de vodka.
Anteriormente me había acercado con el cantinero para intercambiar unas palabras de agradecimiento por incluir cerveza en el menú, cuando noté que uno de los maridos se ofreció a traer unas botellas de vodka de su casa porque, 'se estaba acabando el abastecimiento', y la fiesta sería larga, según sus cálculos de ingeniero (era un ingeniero).
—Se necesita combustible para quemar las naves —explicó, cuando se retiraba a su casa.
No hay mejor belleza que ver a un grupo de señoras divirtiéndose sanamente bajo el influjo de un tónico de cranberry vodka. Un amigo de mi mesa tomó una foto de la escena, y luego me la mostró.
—Parecen swingers —me dijo, con un tono bonachón.
Me carcajee de su comentario, entendiéndolo como parte del folclor inédito de la noche. Es decir, de la sana deshinibición que se estaba dando en la pista de bailar.
Pero luego apagaron las luces.
Ya era de noche, y el salón quedó en peligrosa penumbra donde todo gato es pardo. Una a una, me refiero a las mujeres, fueron sacando a los hombres a bailar a la pista. Yo esto no lo capté de primera instancia porque estaba volteado contemplando otras cosas, sino hasta que sentí que una mano cogía la mía y alguien me decía con tono enfático:
—No es de caballeros rechazar a una mujer.
Allí empezó el desmadre, como dicen.
No supe con quién bailaba, solo sé que era una mujer un poco pasada de peso, y que no era Tina. Hice mi mejor intento por bailar bien, pero terminé sentándome de nuevo en la mesa, porque aparte estaba tomado y no aguantaba el ritmo de los demás.
—Es de una amiga que acabamos de conocer —me dijo poniendo su mano en mi hombro—. Es una fiesta temática, para que me entiendas.
No es que la reunión resultara una estafa —¿cómo era posible saberlo?—, pero cuando vi que algunas mujeres portaban antifaces, presentí que algo andaba mal.
La música sonaba a todo volumen en el pequeño salón de fiestas, rentado para esta ocasión especial. Es decir, la música tronaba con ánimo de dejar sordo al que se dejara. La música descargaba decibeles de potencia desafinada, y las mujeres pronto empezaron a hacer un dance en sus atuendos temáticos de los 70's. Todas con antifaces y todas cargadas de vodka.
Anteriormente me había acercado con el cantinero para intercambiar unas palabras de agradecimiento por incluir cerveza en el menú, cuando noté que uno de los maridos se ofreció a traer unas botellas de vodka de su casa porque, 'se estaba acabando el abastecimiento', y la fiesta sería larga, según sus cálculos de ingeniero (era un ingeniero).
—Se necesita combustible para quemar las naves —explicó, cuando se retiraba a su casa.
No hay mejor belleza que ver a un grupo de señoras divirtiéndose sanamente bajo el influjo de un tónico de cranberry vodka. Un amigo de mi mesa tomó una foto de la escena, y luego me la mostró.
—Parecen swingers —me dijo, con un tono bonachón.
Me carcajee de su comentario, entendiéndolo como parte del folclor inédito de la noche. Es decir, de la sana deshinibición que se estaba dando en la pista de bailar.
Pero luego apagaron las luces.
Ya era de noche, y el salón quedó en peligrosa penumbra donde todo gato es pardo. Una a una, me refiero a las mujeres, fueron sacando a los hombres a bailar a la pista. Yo esto no lo capté de primera instancia porque estaba volteado contemplando otras cosas, sino hasta que sentí que una mano cogía la mía y alguien me decía con tono enfático:
—No es de caballeros rechazar a una mujer.
Allí empezó el desmadre, como dicen.
No supe con quién bailaba, solo sé que era una mujer un poco pasada de peso, y que no era Tina. Hice mi mejor intento por bailar bien, pero terminé sentándome de nuevo en la mesa, porque aparte estaba tomado y no aguantaba el ritmo de los demás.
11/17/2011
Message in a bottle
Sabes que algo anda mal, o eso piensas (que algo anda mal), cuando un comentario tuyo en Facebook genera el interés de 0 comentarios (a veces 1 o 2). Y luego observas que una mujer (o un hombre, que es peor) actualiza cada segundo de su vida con 'Estoy tomando agua', 'Estoy en el baño' ‘Estoy en el aeropuerto’), genera al menos 7 comentarios (la mayoría 12 o 15). Algo anda mal. Pero luego entiendes otra cosa. No se trata de lo que se escribe. Sino de quién lo escribe. El mensaje ha pasado a ser efímero, el autor a la leyenda.
---
(La cultura de 'No se trata de lo que se escribe. Sino de quién lo escribe').
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(La cultura de 'No se trata de lo que se escribe. Sino de quién lo escribe').
8/09/2011
Volver
Siempre vuelvo a escribir. Esta voz interior, instinto, que me regresa a esto. Que me dice, hazlo. Pues lo hago, ¿y a dónde me lleva? ¿Me he hecho esta pregunta antes?
8/04/2011
Aleatorias
3
Entonces escribe acerca de lo que te sucede, es el comentario. Pero no es tan atractivo hacerlo. Incluso, algo que me inquieta es que quisiera escribir relatos no tan ‘cercanos o personales’. Hay autores que tienen esta facilidad de escribir un relato basado en otros tiempos y culturas. Incluso cruzan géneros. Lo mío, al parecer, siempre es más freewriting, flashfiction, y siempre merodea en problemas actuales.
2
Y cuando regreso a este blog, es como un pueblo fantasma. Muchos recuerdos de 'buenos tiempos literarios', pero sólo queda eso. Varias veces pensando reactivar esto, pero lo que me queda claro, es que lo creativo, el escribir cuentos o ficciones, ya quedó fuera de aquí. No tiene lugar aquí. En ese sentido este blog sí es un pueblo fantasma. Un pueblo donde quizá esté regresando próximamente a ventilar ideas, pero eso ya lo he dicho antes.
1
¿Escribir de nuevo? Escribir nunca se acaba. Si no es aquí, es allá, en un cuaderno, en la mente. Escribir es el estilo de vida, y también sube y baja como las mareas sentimentales de la vida. Siempre he pensando que uno no puede escribir nada bueno, cuando se pasan por momentos difíciles —Sí, he pasado por momentos dificiles los ultimos, qué, ¿tres años?—. Simplemente no está esa felicidad, esa chispa que colorea la buena creatividad. De otra forma se convierte en catarsis o vomitadera, y quién quiere leer eso.
Entonces escribe acerca de lo que te sucede, es el comentario. Pero no es tan atractivo hacerlo. Incluso, algo que me inquieta es que quisiera escribir relatos no tan ‘cercanos o personales’. Hay autores que tienen esta facilidad de escribir un relato basado en otros tiempos y culturas. Incluso cruzan géneros. Lo mío, al parecer, siempre es más freewriting, flashfiction, y siempre merodea en problemas actuales.
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Y cuando regreso a este blog, es como un pueblo fantasma. Muchos recuerdos de 'buenos tiempos literarios', pero sólo queda eso. Varias veces pensando reactivar esto, pero lo que me queda claro, es que lo creativo, el escribir cuentos o ficciones, ya quedó fuera de aquí. No tiene lugar aquí. En ese sentido este blog sí es un pueblo fantasma. Un pueblo donde quizá esté regresando próximamente a ventilar ideas, pero eso ya lo he dicho antes.
1
¿Escribir de nuevo? Escribir nunca se acaba. Si no es aquí, es allá, en un cuaderno, en la mente. Escribir es el estilo de vida, y también sube y baja como las mareas sentimentales de la vida. Siempre he pensando que uno no puede escribir nada bueno, cuando se pasan por momentos difíciles —Sí, he pasado por momentos dificiles los ultimos, qué, ¿tres años?—. Simplemente no está esa felicidad, esa chispa que colorea la buena creatividad. De otra forma se convierte en catarsis o vomitadera, y quién quiere leer eso.
7/21/2011
And I miss you
2
La ironía de la vida
Queda envuelta
En su silencio de amigo—
Quién es él
Para decir No—
Le digo No, a su No
1
Quieren callar al poeta
Pero no pueden—
Vamos, tú también puedes
La ironía de la vida
Queda envuelta
En su silencio de amigo—
Quién es él
Para decir No—
Le digo No, a su No
1
Quieren callar al poeta
Pero no pueden—
Vamos, tú también puedes
4/14/2011
Pues sí, me contradigo. Soy humano.
ESPEJO: "Si lo ves en él, es porque lo tienes tú, porque eres así".
Este comentario tiene mucha sabiduría. Pero es una sabiduría incomoda, inconveniente. A nadie le gusta aceptar que lo que nos causa rechazo en otra persona, es algo que no aceptamos en nosotros, sobretodo cuando eso que causa rechazo es algo negativo, un rasgo 'desagradable', 'despreciado' por la 'sociedad'.
Ahí empieza esto, con el condicionamiento de la sociedad que nos dice cómo debemos ser, qué conductas debemos asumir para ser aceptados. Es ahí donde empezamos a vendernos, y a ocultar partes de nuestra personalidad.
En mi caso, una de ellas (que me sale fácilmente al escribir y que trato de ocultar, sin éxito aparente) es la soberbia, lo pedante, la petulancia, la insolencia. Me viene fácil. Pero tampoco estoy orgulloso de ello (se puede caer mal a mucha gente). Qué hacer. ¿Ocultarla, o hacer uso de ella? ¿Qué ventajas habrá en hacer uso de ella? Quizá salen escritos mas interesantes, con un estilo propio.
Pedante: pomposo, pretencioso, afectado, sabiondo, redicho.
Petulante: presumido, fatuo, insolente, descarado, vanidoso.
Aunque en persona suelo ser muy sencillo y humilde, (Ja! Qué contradicción). No se trata de una doble cara. Simplemente de esta gama de aspectos que tenemos en nuestra personalidad y nos hacen completos.
Ya lo dijo Whitman:
¿Que yo me contradigo?
Pues sí, me contradigo. Y ¿qué?
Soy inmenso, contengo multitudes
Este comentario tiene mucha sabiduría. Pero es una sabiduría incomoda, inconveniente. A nadie le gusta aceptar que lo que nos causa rechazo en otra persona, es algo que no aceptamos en nosotros, sobretodo cuando eso que causa rechazo es algo negativo, un rasgo 'desagradable', 'despreciado' por la 'sociedad'.
Ahí empieza esto, con el condicionamiento de la sociedad que nos dice cómo debemos ser, qué conductas debemos asumir para ser aceptados. Es ahí donde empezamos a vendernos, y a ocultar partes de nuestra personalidad.
En mi caso, una de ellas (que me sale fácilmente al escribir y que trato de ocultar, sin éxito aparente) es la soberbia, lo pedante, la petulancia, la insolencia. Me viene fácil. Pero tampoco estoy orgulloso de ello (se puede caer mal a mucha gente). Qué hacer. ¿Ocultarla, o hacer uso de ella? ¿Qué ventajas habrá en hacer uso de ella? Quizá salen escritos mas interesantes, con un estilo propio.
Pedante: pomposo, pretencioso, afectado, sabiondo, redicho.
Petulante: presumido, fatuo, insolente, descarado, vanidoso.
Aunque en persona suelo ser muy sencillo y humilde, (Ja! Qué contradicción). No se trata de una doble cara. Simplemente de esta gama de aspectos que tenemos en nuestra personalidad y nos hacen completos.
Ya lo dijo Whitman:
¿Que yo me contradigo?
Pues sí, me contradigo. Y ¿qué?
Soy inmenso, contengo multitudes
3/03/2011
3/02/2011
un escritor quiere comenzar de nuevo
del blog de Vila-Matas
"... Quiero que te preguntes finalmente qué sucede si un escritor quiere comenzar de nuevo. Faltan ensayos, estudios acerca de esta delicada cuestión. ¿A qué clase de problemas se ha de enfrentar el escritor que desea volver a empezar? Se me ocurre uno, así al primer bote: tiene que olvidarse de lo mucho que le fascinan algunas de las cosas que ha escrito a lo largo de su carrera. Pero se trata de hacer tabla rasa y convertirse en un escritor que comienza de nuevo, no hay lugar para los sentimentalismos. ¿A qué otros problemas se tiene que enfrentar? A problemas relacionados con la técnica, sin duda. Pero también con su propio mito de escritor y con su propio lugar. Le conté en Nueva York a Sergio Chejfec que a veces me planteaba volver a empezar y soñaba que estaba en el imposible punto de partida. Me dio un consejo, me dijo que no era tan imposible situarse en ese punto, sepultar un día de golpe mi propio mito de escritor. Quizás bastaba con escribir como si fuera otro, hacerlo con un pseudónimo. Nada tranquiliza tanto como una máscara. En mi caso, sería una máscara sobre la máscara que ya llevo puesta. ¿Es una utopía imposible el cambio de identidad como escritor? Es probable que sea una utopía, pero sólo ya plantearse ese cambio puede hacer que se muevan muchas cosas, puede llegar a ser productivo, porque de hecho es una sensación que te puede permitir distanciarte un poco de los mismos mecanismos que has desarrollado y que muchas veces automatizan cómo concebir los libros..."
3/01/2011
2/28/2011
Ideas aleatorias
/2
Dijo (como para justificar sus ideas, aclarar sus ideas), Tú serás el maestro del taller, punto.
(Punto).
Pero sus ideas no estaban claras. Eran solo una fuga de su realidad.
/1
Regreso al pasado ¿para entender el futuro? Quizá.
Dijo (como para justificar sus ideas, aclarar sus ideas), Tú serás el maestro del taller, punto.
(Punto).
Pero sus ideas no estaban claras. Eran solo una fuga de su realidad.
/1
Regreso al pasado ¿para entender el futuro? Quizá.
1/12/2011
La atención descuidada
La señora discreta. Años desde que mantuvo una charla con un vecino, más allá de Hola, buenos días. Lo más normal es que voltee la cara, pero de una manera que va con su pulcra y cuidada personalidad, como si en ese preciso instante sucediera algo importante en la calle, algo que llame la atención.
Discreta, conservadora y escrutiñadora; separa y rechaza a quien no se parece a ella. Quien no tiene la casa perfectamente limpia con los árboles perfectamente cortados y los autos perfectamente nuevos. Contrata trabajadores para todo.
Esta señora cuenta con sesenta y tantos años, y probablemente se siente más blanda del corazón, pero aun no puede mostrarlo a quien se le cruza afuera de su casa, en esta humilde vida.
Es tímida, su esposo es tímido, y las hijas también salieron tímidas: corren a su auto cuando salen de su casa, para no tener que saludar a un vecino, para no tener que soportar la ansiedad.
Así es la timidez, se parece a la soberbia. Pero curiosamente, en este caso la timidez va de la mano con la práctica de asistir a la iglesia (quien asiste a la iglesia no tiene pecados), donde comparte sus inclinaciones de fe, y ahí da la mano al hermano que está a su lado, escuchando humildemente el sermón.
Discreta, conservadora y escrutiñadora; separa y rechaza a quien no se parece a ella. Quien no tiene la casa perfectamente limpia con los árboles perfectamente cortados y los autos perfectamente nuevos. Contrata trabajadores para todo.
Esta señora cuenta con sesenta y tantos años, y probablemente se siente más blanda del corazón, pero aun no puede mostrarlo a quien se le cruza afuera de su casa, en esta humilde vida.
Es tímida, su esposo es tímido, y las hijas también salieron tímidas: corren a su auto cuando salen de su casa, para no tener que saludar a un vecino, para no tener que soportar la ansiedad.
Así es la timidez, se parece a la soberbia. Pero curiosamente, en este caso la timidez va de la mano con la práctica de asistir a la iglesia (quien asiste a la iglesia no tiene pecados), donde comparte sus inclinaciones de fe, y ahí da la mano al hermano que está a su lado, escuchando humildemente el sermón.
1/11/2011
La protección
De todas formas terminamos en la misma habitación. Se había suscitado un problema en la reservación, y ese fin de semana el hotel estaba lleno. De forma que nos tocó compartir la habitación a dos hombres y dos mujeres.
Fiona, bien era sabido, era mucho de mi gusto. Y lo más seguro es que ella también lo sabía. Por lo mismo, cuando fue hora de irnos a dormir, cosa que no pudimos hacer (a las dos de la madrugada pensamos que eran las once de la noche) porque las hormonas volaban esa noche de verano, a ella se le ocurrió prudente usar unos pantaloncillos cortos para dormir. Probablemente pensó que de esa forma ella estaría protegida ante las miradas escrupulosas, que ya indagaban sus nalgas.
Dormir en pijama, muchos lo saben, enfrente de dos hombres en sus veintes que van a una convención del trabajo, es altamente alusivo a una tentación. Muchos han sucumbido ante esta tentación.
Pero los planes de Fiona no funcionaron muy bien. Pronto una cosa llevó a la otra. Pronto estábamos luchando los cuatro, aventando almohadas, empujándonos unos contra los otros. Fiona y yo terminamos en una cama.
Fiona, bien era sabido, era mucho de mi gusto. Y lo más seguro es que ella también lo sabía. Por lo mismo, cuando fue hora de irnos a dormir, cosa que no pudimos hacer (a las dos de la madrugada pensamos que eran las once de la noche) porque las hormonas volaban esa noche de verano, a ella se le ocurrió prudente usar unos pantaloncillos cortos para dormir. Probablemente pensó que de esa forma ella estaría protegida ante las miradas escrupulosas, que ya indagaban sus nalgas.
Dormir en pijama, muchos lo saben, enfrente de dos hombres en sus veintes que van a una convención del trabajo, es altamente alusivo a una tentación. Muchos han sucumbido ante esta tentación.
Pero los planes de Fiona no funcionaron muy bien. Pronto una cosa llevó a la otra. Pronto estábamos luchando los cuatro, aventando almohadas, empujándonos unos contra los otros. Fiona y yo terminamos en una cama.
1/10/2011
El lobo

Picard, el ex novio obsesivo de Clotilde. Picard, quien tenía asustada a mi amiga Clotilde. La hostigaba por teléfono, le enviaba mensajes, le lanzaba coronas de flores en su jardín. Era una perturbación constante.
Clotilde me pidió que la acompañara una noche de noviembre en que se sentía especialmente vulnerable. Clotilde vivía en la casa que sus papás le habían heredado. Una extraña fortificación, que se había construido en etapas, y tenía la forma de un castillo de tres niveles, con salientes de mal gusto. Lo único que le daba una sensación de unidad a la construcción era que estaba pintada de un solo color, ocre.
Pasamos esa noche en vela, con las luces apagadas, iluminados por la luna llena de noviembre. Pasamos la noche hablando en voz baja, arrinconados en partes secretas de la casa, porque presentíamos que Picard merodeaba las afueras.
11/06/2009
UNA MUJER Y UN HOMBRE
Me dijo que se sentía sola en el Distrito Federal, que no conocía a nadie, y que estaría ahí por unos días, divagando por la gran urbe sin conocer a nadie. Le daba miedo que le pasara algo, que la asaltaran. Se me hizo fácil darle el teléfono de mi tío.
—Qué bárbaro —me dijo después—, nunca pensé que un hombre de 60 años pudiera hacer tantas cosas.
—Qué bárbaro —me dijo después—, nunca pensé que un hombre de 60 años pudiera hacer tantas cosas.
8/16/2008
Monalisa
—¿Y la muchacha?
—Lo invitan a todas las fiestas. ¿Ya te la acabaste, pido más? Antes de que se acaben.
—¿Cuáles fiestas?
—Llámale a la muchacha, ¿por qué no viene?
—Lo he visto en varias. Siempre está rodeado de mujeres, pero nunca dice nada. Se queda callado. Piñatas. A lo mejor anda perdida.
—Creo que ya se acabó. Me ando secando.
—Los autistas tienen mucho pegue con las mujeres, ¿no sabías? como los gays. A lo mejor es autista. Ahí viene Tinker, Tinker Bell.
—¿Autista? Aun no sale del clóset.
—Se la pasa callado, no sé cómo le hace, no dice nada y tampoco toma alcohol, solo le hace compañía a la gente.
—Entonces gay.
—Y dale.
—Los gays no toman, se cuidan la figura. Ya llegó Tinker.
—Los autistas tienen comportamientos parecidos. Se quedan callados, sonriendo, captan el panorama.
—Le da confianza a la gente. Nunca rechaza una invitación. Va a todas las fiestas. El otro día una persona lo invitó a una fiesta difícil, para que le diera ánimos, una fiesta familiar, con vecinos y todo.
—Corazón, ¿nos traes de las mismas?
—No hay, se acabaron. Solo queda soda.
—Lo invitan a todas las fiestas. ¿Ya te la acabaste, pido más? Antes de que se acaben.
—¿Cuáles fiestas?
—Llámale a la muchacha, ¿por qué no viene?
—Lo he visto en varias. Siempre está rodeado de mujeres, pero nunca dice nada. Se queda callado. Piñatas. A lo mejor anda perdida.
—Creo que ya se acabó. Me ando secando.
—Los autistas tienen mucho pegue con las mujeres, ¿no sabías? como los gays. A lo mejor es autista. Ahí viene Tinker, Tinker Bell.
—¿Autista? Aun no sale del clóset.
—Se la pasa callado, no sé cómo le hace, no dice nada y tampoco toma alcohol, solo le hace compañía a la gente.
—Entonces gay.
—Y dale.
—Los gays no toman, se cuidan la figura. Ya llegó Tinker.
—Los autistas tienen comportamientos parecidos. Se quedan callados, sonriendo, captan el panorama.
—Le da confianza a la gente. Nunca rechaza una invitación. Va a todas las fiestas. El otro día una persona lo invitó a una fiesta difícil, para que le diera ánimos, una fiesta familiar, con vecinos y todo.
—Corazón, ¿nos traes de las mismas?
—No hay, se acabaron. Solo queda soda.
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