Una cosa agradable de escribir cuentos es que puedes crear un argumento a partir de los detalles más nimios. Una idea que brota en tu mente, una palabra, una imagen, cualquier cosa. En la mayoría de los casos es como la improvisación en el jazz, y el argumento me lleva a donde le plazca.
—Haruki Murakami
5/13/2013
Blanco abstracto
Blanco, nada, neutral, vacío, silencio.
¿Se trata de una condición?
No hay respuesta: nada, silencio, blanco.
¡Fundido en blanco!
La tarde pasa, no hay nada que hacer.
Llegar al blanco, al vacío —el inevitable vacío—, intimida.
Intimida como un embarazo indeseado.
Luz y obscuridad, habitando el mismo espacio.
Silencio cerrado.
Anduve buscando la respuesta, la respuesta probablemente esté aquí.
¿Se trata de una condición?
No hay respuesta: nada, silencio, blanco.
¡Fundido en blanco!
La tarde pasa, no hay nada que hacer.
Llegar al blanco, al vacío —el inevitable vacío—, intimida.
Intimida como un embarazo indeseado.
Luz y obscuridad, habitando el mismo espacio.
Silencio cerrado.
Anduve buscando la respuesta, la respuesta probablemente esté aquí.
5/08/2013
Facebooks
De mi no-incursión a Facebook, tengo esto que decir.
No soy de redes sociales, en definitiva.
Mi naturaleza no se presta para estar expuesto a las arbitrariedades de las interacciones sociales, a las omisiones u indiferencias derivadas de sentimientos encontrados. Suficiente trabajo lidiar con este fenomeno en persona, que cuando se da en un espacio tan impersonal como Internet (caras no vemos), no puedo lidiar con él de forma neutral.
Un analista me diría que precisamente la manera de superar estos obstáculos es enfrentándome a ellos de forma frontal, categórica, sin lugar a duda. Yo le diría que tiene razón.
En este momento, sin embargo, elijo tomar esta postura antisocial (de nuevo) ante una red social como Facebook, donde de todas maneras, hay un estatus quo de 'Mira mi vida qué hermosa es, puedes darme un like o comentar en mi status update, pero eso no significa que haré lo mismo contigo, en tu perfil, en tus actualizaciones'.
Esta falta de equidad es lo que me mueve a dudar de estos ambientes. Me parece una proyección del ego elevada a la milenaria potencia. Demasiado yo yo yo, sin nada de retroalimentación, sin nada de regresar el favor.
Si para socializar uno debe hacer eso, prefiero no hacerlo. Tampoco se trata de ser un adulador lamebotas de personas acostumbradas a recibir elogios para que su ego se infle más y más, y sigan compartiendo lo maravilloso que es su vida, su familia, sus viajes, sus pensares.
No no no. Así no voy. Prefiero la marginalidad del libre pensamiento, y después de todo, la escritura. Que a final de cuentas, es bastante solitaria.
No soy de redes sociales, en definitiva.
Mi naturaleza no se presta para estar expuesto a las arbitrariedades de las interacciones sociales, a las omisiones u indiferencias derivadas de sentimientos encontrados. Suficiente trabajo lidiar con este fenomeno en persona, que cuando se da en un espacio tan impersonal como Internet (caras no vemos), no puedo lidiar con él de forma neutral.
Un analista me diría que precisamente la manera de superar estos obstáculos es enfrentándome a ellos de forma frontal, categórica, sin lugar a duda. Yo le diría que tiene razón.
En este momento, sin embargo, elijo tomar esta postura antisocial (de nuevo) ante una red social como Facebook, donde de todas maneras, hay un estatus quo de 'Mira mi vida qué hermosa es, puedes darme un like o comentar en mi status update, pero eso no significa que haré lo mismo contigo, en tu perfil, en tus actualizaciones'.
Esta falta de equidad es lo que me mueve a dudar de estos ambientes. Me parece una proyección del ego elevada a la milenaria potencia. Demasiado yo yo yo, sin nada de retroalimentación, sin nada de regresar el favor.
Si para socializar uno debe hacer eso, prefiero no hacerlo. Tampoco se trata de ser un adulador lamebotas de personas acostumbradas a recibir elogios para que su ego se infle más y más, y sigan compartiendo lo maravilloso que es su vida, su familia, sus viajes, sus pensares.
No no no. Así no voy. Prefiero la marginalidad del libre pensamiento, y después de todo, la escritura. Que a final de cuentas, es bastante solitaria.
5/04/2013
AGRESIONES
La descomposición de una sociedad se proyecta en pequeñas cosas. Por ejemplo en la manera de conducir el auto. He allí donde sale el verdader color, donde se mide la temperatura del caos. Una ciudad como Tijuana, por ejemplo. Un sábado a medio día, cuando visitan los norteamericanos que vienen a conducir como cavernícolas porque en USA no se atreven a hacerlo. Un jueves o martes, cuando la gente está vuelta loca por las calles con hoyos y las desviaciones que deben tomar. El caos está presente, y una ciudad como Tijuana, donde no hay una regulación del tránsito, es lugar idóneo para que impere un ánimo de 'tú hazle como puedas'. Se te mete un auto o te avientan el auto. Se pasan los semáforos con una facilidad que da miedo. Los conductores cometen decisiones maquiavélicas donde menos deben hacerlo, en un semáforo o plena avenida. El caos reina y es un derivado del estrés social, laboral y densidad de población. Mucha gente queriendo llegar al mismo lugar por vías inadecuadas que no satisfacen el flujo vehícular. Caos y locura, ya proyectada, ya desbordándose, porque la gente vive al día, y si te quejas, si tocas tu cláxon, cuidado, no sabes con quién te metes.
4/29/2013
Jogging
Mientras hago jogging, me encuentro a un conocido. Este hombre que su única trayectoria en la Universidad fue estar liado a una mujer, toda la carrera. Siempre se les veía juntos, mientras la mayoría andaban solteros. Pero había una advertencia. Era él el que estaba pegado a ella, y no al revés. Ella, después de todo, tenía seguridad económica, siendo su papá un profesionista establecido. El novio quizá reconoció esta bondad desde el inicio, intuyendo que al finalizar tendría preparado el camino.
Las veces que me lo he encontrado —pocas, por cierto—, él lleva el papel de segundo a mando. Hoy lo vi disfrutando un smoothie —bebida elegida de las señoras que hacen zumba—. Bebía su smoothie desde un vaso de poliestireno blanco. Sorbía su bebida por el popote, escuchando la conversación de una persona a su lado, pero no le prestaba atención. Me veía a mí, haciendo jogging.
Cuando lo sorprendí que me miraba, él desvió la atención. No veía a su interlocutor, no me veía a mí, únicamente sorbía su smoothie por el popote.
Las veces que me lo he encontrado —pocas, por cierto—, él lleva el papel de segundo a mando. Hoy lo vi disfrutando un smoothie —bebida elegida de las señoras que hacen zumba—. Bebía su smoothie desde un vaso de poliestireno blanco. Sorbía su bebida por el popote, escuchando la conversación de una persona a su lado, pero no le prestaba atención. Me veía a mí, haciendo jogging.
Cuando lo sorprendí que me miraba, él desvió la atención. No veía a su interlocutor, no me veía a mí, únicamente sorbía su smoothie por el popote.
4/25/2013
Vacíos
La vacuidad existencial lleva a las personas a llenarse de cosas.
Cuando el vacio más aprieta, la necesidad apremia y se obtiene un objeto nuevo, algo tangible que dé sentido a las manos, al tacto— estoy vivo. ¡Joder, estoy vivo!
—Es como un instinto lóbrego —me dice Eugenio—, y ya no puedo seguirle el paso a esta mujer llamada novia. Cuando me doy cuenta, ya se compró una cosa. Una computadora. A lo mejor se fue de viaje, se compró un carro, ve tú a saber. Estoy seguro que en estos dos años, ha gastado una suma importante en cuestiones materiales, ropa. Todo para ella, este consumo lóbrego, porque siempre tiene que haber algo más, una novedad más.
—Ha de estar muy— vacía —expresé.
Se quedó callado, atinando a mover la cabeza de arriba para abajo.
Cuando el vacio más aprieta, la necesidad apremia y se obtiene un objeto nuevo, algo tangible que dé sentido a las manos, al tacto— estoy vivo. ¡Joder, estoy vivo!
—Es como un instinto lóbrego —me dice Eugenio—, y ya no puedo seguirle el paso a esta mujer llamada novia. Cuando me doy cuenta, ya se compró una cosa. Una computadora. A lo mejor se fue de viaje, se compró un carro, ve tú a saber. Estoy seguro que en estos dos años, ha gastado una suma importante en cuestiones materiales, ropa. Todo para ella, este consumo lóbrego, porque siempre tiene que haber algo más, una novedad más.
—Ha de estar muy— vacía —expresé.
Se quedó callado, atinando a mover la cabeza de arriba para abajo.
4/24/2013
Un café con Virgilio Dante
Hace unos días tuve oportunidad de tomar un café con Virgilio Dante, autor, y me fui a casa inspirado por sus palabras.
—Debes continuar agregando material a este blog —fueron sus palabras.
Mi justificación, típica de autores inseguros, fue que no gozaba de trayectoria o temáticas que podrían interesar.
—Nunca fui muy informativo.
—Escribe de lo que te plazca. Una broma, un chiste, una anécdota.
—Estoy de acuerdo, pero por favor nada de Obama, Osama, o temas de emigración, política del medio oriente. De hecho soy arquitecto. Eso estudié. Esto de la escritura, para qué negarlo, lo fui adquiriendo durante mis años difíciles de la vida, que aun continúan.
Tomó una servilleta y se limpió la boca.
—Lo haces bien —dijo.
—Para que tú me lo digas, algo habrá de cierto.
—Debes continuar agregando material a este blog —fueron sus palabras.
Mi justificación, típica de autores inseguros, fue que no gozaba de trayectoria o temáticas que podrían interesar.
—Nunca fui muy informativo.
—Escribe de lo que te plazca. Una broma, un chiste, una anécdota.
—Estoy de acuerdo, pero por favor nada de Obama, Osama, o temas de emigración, política del medio oriente. De hecho soy arquitecto. Eso estudié. Esto de la escritura, para qué negarlo, lo fui adquiriendo durante mis años difíciles de la vida, que aun continúan.
Tomó una servilleta y se limpió la boca.
—Lo haces bien —dijo.
—Para que tú me lo digas, algo habrá de cierto.
Contigencias.
No hay duda. La lectura impulsa a la escritura. No puede haber uno sin el otro.
———
Entonces qué es lo que hice. Un pequeño experimento. Antes de escribir me hice a la tarea de leer un fragmento de un libro. Una página al menos. Esto como forma de motivación o ejercicio de creación. Hace un tiempo me di cuenta que mi vocabulario sufría cuando dejaba de leer.
———
Entonces qué es lo que hice. Un pequeño experimento. Antes de escribir me hice a la tarea de leer un fragmento de un libro. Una página al menos. Esto como forma de motivación o ejercicio de creación. Hace un tiempo me di cuenta que mi vocabulario sufría cuando dejaba de leer.
Negocio redondo
A lo mejor estoy equivocado—
Hasta hace poco yo era una persona muy agraciada en términos de fe hacia instituciones positivas. Tal es el caso pues, de que uno confía en las escuelas, recintos de educación, pero que con el tiempo, uno empieza a sondear y darse cuenta que en el fondo son unos money making machines.
—Pon una escuela —dice una persona—. Son el mejor negocio.
Esa persona sabe algo de lo que habla. Pero lo que me retorció el estómago es que mis hijos están inscritos en una escuela, perdón, en un negocio.
No es que no me hubiera dado cuenta —las escuelas como negocios—, es solo que en estos tiempos donde la cartera aprieta al estómago, estas cosas pesan más de lo normal.
¿Y porqué son negocios? Por muchas razones que desconozco, pero con señalar que cada alumno aparte de cubrir sus materiales básicos (libros, útiles, etc.), debe incluir el material que usa en la escuela, papel de baño, vasos, resmas para la copiadora, etc, uno atisba cierto grado de comercio. Me pregunto qué sigue. Pagar el agua que se bebe, y finalmente pagarle directamente al maestro.
Hasta hace poco yo era una persona muy agraciada en términos de fe hacia instituciones positivas. Tal es el caso pues, de que uno confía en las escuelas, recintos de educación, pero que con el tiempo, uno empieza a sondear y darse cuenta que en el fondo son unos money making machines.
—Pon una escuela —dice una persona—. Son el mejor negocio.
Esa persona sabe algo de lo que habla. Pero lo que me retorció el estómago es que mis hijos están inscritos en una escuela, perdón, en un negocio.
No es que no me hubiera dado cuenta —las escuelas como negocios—, es solo que en estos tiempos donde la cartera aprieta al estómago, estas cosas pesan más de lo normal.
¿Y porqué son negocios? Por muchas razones que desconozco, pero con señalar que cada alumno aparte de cubrir sus materiales básicos (libros, útiles, etc.), debe incluir el material que usa en la escuela, papel de baño, vasos, resmas para la copiadora, etc, uno atisba cierto grado de comercio. Me pregunto qué sigue. Pagar el agua que se bebe, y finalmente pagarle directamente al maestro.
4/22/2013
4/14/2013
De todas maneras
Extiendo el brazo y tomo una foto que observo con cautela y parsimonia de abuelito. Se trata de una foto tomada en una reunión a la que asistimos. Recuerdo cómo me insistía Tina para que fuéramos.
—Es de una amiga que acabamos de conocer —me dijo poniendo su mano en mi hombro—. Es una fiesta temática, para que me entiendas.
No es que la reunión resultara una estafa —¿cómo era posible saberlo?—, pero cuando vi que algunas mujeres portaban antifaces, presentí que algo andaba mal.
La música sonaba a todo volumen en el pequeño salón de fiestas, rentado para esta ocasión especial. Es decir, la música tronaba con ánimo de dejar sordo al que se dejara. La música descargaba decibeles de potencia desafinada, y las mujeres pronto empezaron a hacer un dance en sus atuendos temáticos de los 70's. Todas con antifaces y todas cargadas de vodka.
Anteriormente me había acercado con el cantinero para intercambiar unas palabras de agradecimiento por incluir cerveza en el menú, cuando noté que uno de los maridos se ofreció a traer unas botellas de vodka de su casa porque, 'se estaba acabando el abastecimiento', y la fiesta sería larga, según sus cálculos de ingeniero (era un ingeniero).
—Se necesita combustible para quemar las naves —explicó, cuando se retiraba a su casa.
No hay mejor belleza que ver a un grupo de señoras divirtiéndose sanamente bajo el influjo de un tónico de cranberry vodka. Un amigo de mi mesa tomó una foto de la escena, y luego me la mostró.
—Parecen swingers —me dijo, con un tono bonachón.
Me carcajee de su comentario, entendiéndolo como parte del folclor inédito de la noche. Es decir, de la sana deshinibición que se estaba dando en la pista de bailar.
Pero luego apagaron las luces.
Ya era de noche, y el salón quedó en peligrosa penumbra donde todo gato es pardo. Una a una, me refiero a las mujeres, fueron sacando a los hombres a bailar a la pista. Yo esto no lo capté de primera instancia porque estaba volteado contemplando otras cosas, sino hasta que sentí que una mano cogía la mía y alguien me decía con tono enfático:
—No es de caballeros rechazar a una mujer.
Allí empezó el desmadre, como dicen.
No supe con quién bailaba, solo sé que era una mujer un poco pasada de peso, y que no era Tina. Hice mi mejor intento por bailar bien, pero terminé sentándome de nuevo en la mesa, porque aparte estaba tomado y no aguantaba el ritmo de los demás.
—Es de una amiga que acabamos de conocer —me dijo poniendo su mano en mi hombro—. Es una fiesta temática, para que me entiendas.
No es que la reunión resultara una estafa —¿cómo era posible saberlo?—, pero cuando vi que algunas mujeres portaban antifaces, presentí que algo andaba mal.
La música sonaba a todo volumen en el pequeño salón de fiestas, rentado para esta ocasión especial. Es decir, la música tronaba con ánimo de dejar sordo al que se dejara. La música descargaba decibeles de potencia desafinada, y las mujeres pronto empezaron a hacer un dance en sus atuendos temáticos de los 70's. Todas con antifaces y todas cargadas de vodka.
Anteriormente me había acercado con el cantinero para intercambiar unas palabras de agradecimiento por incluir cerveza en el menú, cuando noté que uno de los maridos se ofreció a traer unas botellas de vodka de su casa porque, 'se estaba acabando el abastecimiento', y la fiesta sería larga, según sus cálculos de ingeniero (era un ingeniero).
—Se necesita combustible para quemar las naves —explicó, cuando se retiraba a su casa.
No hay mejor belleza que ver a un grupo de señoras divirtiéndose sanamente bajo el influjo de un tónico de cranberry vodka. Un amigo de mi mesa tomó una foto de la escena, y luego me la mostró.
—Parecen swingers —me dijo, con un tono bonachón.
Me carcajee de su comentario, entendiéndolo como parte del folclor inédito de la noche. Es decir, de la sana deshinibición que se estaba dando en la pista de bailar.
Pero luego apagaron las luces.
Ya era de noche, y el salón quedó en peligrosa penumbra donde todo gato es pardo. Una a una, me refiero a las mujeres, fueron sacando a los hombres a bailar a la pista. Yo esto no lo capté de primera instancia porque estaba volteado contemplando otras cosas, sino hasta que sentí que una mano cogía la mía y alguien me decía con tono enfático:
—No es de caballeros rechazar a una mujer.
Allí empezó el desmadre, como dicen.
No supe con quién bailaba, solo sé que era una mujer un poco pasada de peso, y que no era Tina. Hice mi mejor intento por bailar bien, pero terminé sentándome de nuevo en la mesa, porque aparte estaba tomado y no aguantaba el ritmo de los demás.
11/17/2011
Message in a bottle
Sabes que algo anda mal, o eso piensas (que algo anda mal), cuando un comentario tuyo en Facebook genera el interés de 0 comentarios (a veces 1 o 2). Y luego observas que una mujer (o un hombre, que es peor) actualiza cada segundo de su vida con 'Estoy tomando agua', 'Estoy en el baño' ‘Estoy en el aeropuerto’), genera al menos 7 comentarios (la mayoría 12 o 15). Algo anda mal. Pero luego entiendes otra cosa. No se trata de lo que se escribe. Sino de quién lo escribe. El mensaje ha pasado a ser efímero, el autor a la leyenda.
---
(La cultura de 'No se trata de lo que se escribe. Sino de quién lo escribe').
---
(La cultura de 'No se trata de lo que se escribe. Sino de quién lo escribe').
8/09/2011
Volver
Siempre vuelvo a escribir. Esta voz interior, instinto, que me regresa a esto. Que me dice, hazlo. Pues lo hago, ¿y a dónde me lleva? ¿Me he hecho esta pregunta antes?
8/04/2011
Aleatorias
3
Entonces escribe acerca de lo que te sucede, es el comentario. Pero no es tan atractivo hacerlo. Incluso, algo que me inquieta es que quisiera escribir relatos no tan ‘cercanos o personales’. Hay autores que tienen esta facilidad de escribir un relato basado en otros tiempos y culturas. Incluso cruzan géneros. Lo mío, al parecer, siempre es más freewriting, flashfiction, y siempre merodea en problemas actuales.
2
Y cuando regreso a este blog, es como un pueblo fantasma. Muchos recuerdos de 'buenos tiempos literarios', pero sólo queda eso. Varias veces pensando reactivar esto, pero lo que me queda claro, es que lo creativo, el escribir cuentos o ficciones, ya quedó fuera de aquí. No tiene lugar aquí. En ese sentido este blog sí es un pueblo fantasma. Un pueblo donde quizá esté regresando próximamente a ventilar ideas, pero eso ya lo he dicho antes.
1
¿Escribir de nuevo? Escribir nunca se acaba. Si no es aquí, es allá, en un cuaderno, en la mente. Escribir es el estilo de vida, y también sube y baja como las mareas sentimentales de la vida. Siempre he pensando que uno no puede escribir nada bueno, cuando se pasan por momentos difíciles —Sí, he pasado por momentos dificiles los ultimos, qué, ¿tres años?—. Simplemente no está esa felicidad, esa chispa que colorea la buena creatividad. De otra forma se convierte en catarsis o vomitadera, y quién quiere leer eso.
Entonces escribe acerca de lo que te sucede, es el comentario. Pero no es tan atractivo hacerlo. Incluso, algo que me inquieta es que quisiera escribir relatos no tan ‘cercanos o personales’. Hay autores que tienen esta facilidad de escribir un relato basado en otros tiempos y culturas. Incluso cruzan géneros. Lo mío, al parecer, siempre es más freewriting, flashfiction, y siempre merodea en problemas actuales.
2
Y cuando regreso a este blog, es como un pueblo fantasma. Muchos recuerdos de 'buenos tiempos literarios', pero sólo queda eso. Varias veces pensando reactivar esto, pero lo que me queda claro, es que lo creativo, el escribir cuentos o ficciones, ya quedó fuera de aquí. No tiene lugar aquí. En ese sentido este blog sí es un pueblo fantasma. Un pueblo donde quizá esté regresando próximamente a ventilar ideas, pero eso ya lo he dicho antes.
1
¿Escribir de nuevo? Escribir nunca se acaba. Si no es aquí, es allá, en un cuaderno, en la mente. Escribir es el estilo de vida, y también sube y baja como las mareas sentimentales de la vida. Siempre he pensando que uno no puede escribir nada bueno, cuando se pasan por momentos difíciles —Sí, he pasado por momentos dificiles los ultimos, qué, ¿tres años?—. Simplemente no está esa felicidad, esa chispa que colorea la buena creatividad. De otra forma se convierte en catarsis o vomitadera, y quién quiere leer eso.
7/21/2011
And I miss you
2
La ironía de la vida
Queda envuelta
En su silencio de amigo—
Quién es él
Para decir No—
Le digo No, a su No
1
Quieren callar al poeta
Pero no pueden—
Vamos, tú también puedes
La ironía de la vida
Queda envuelta
En su silencio de amigo—
Quién es él
Para decir No—
Le digo No, a su No
1
Quieren callar al poeta
Pero no pueden—
Vamos, tú también puedes
4/14/2011
Pues sí, me contradigo. Soy humano.
ESPEJO: "Si lo ves en él, es porque lo tienes tú, porque eres así".
Este comentario tiene mucha sabiduría. Pero es una sabiduría incomoda, inconveniente. A nadie le gusta aceptar que lo que nos causa rechazo en otra persona, es algo que no aceptamos en nosotros, sobretodo cuando eso que causa rechazo es algo negativo, un rasgo 'desagradable', 'despreciado' por la 'sociedad'.
Ahí empieza esto, con el condicionamiento de la sociedad que nos dice cómo debemos ser, qué conductas debemos asumir para ser aceptados. Es ahí donde empezamos a vendernos, y a ocultar partes de nuestra personalidad.
En mi caso, una de ellas (que me sale fácilmente al escribir y que trato de ocultar, sin éxito aparente) es la soberbia, lo pedante, la petulancia, la insolencia. Me viene fácil. Pero tampoco estoy orgulloso de ello (se puede caer mal a mucha gente). Qué hacer. ¿Ocultarla, o hacer uso de ella? ¿Qué ventajas habrá en hacer uso de ella? Quizá salen escritos mas interesantes, con un estilo propio.
Pedante: pomposo, pretencioso, afectado, sabiondo, redicho.
Petulante: presumido, fatuo, insolente, descarado, vanidoso.
Aunque en persona suelo ser muy sencillo y humilde, (Ja! Qué contradicción). No se trata de una doble cara. Simplemente de esta gama de aspectos que tenemos en nuestra personalidad y nos hacen completos.
Ya lo dijo Whitman:
¿Que yo me contradigo?
Pues sí, me contradigo. Y ¿qué?
Soy inmenso, contengo multitudes
Este comentario tiene mucha sabiduría. Pero es una sabiduría incomoda, inconveniente. A nadie le gusta aceptar que lo que nos causa rechazo en otra persona, es algo que no aceptamos en nosotros, sobretodo cuando eso que causa rechazo es algo negativo, un rasgo 'desagradable', 'despreciado' por la 'sociedad'.
Ahí empieza esto, con el condicionamiento de la sociedad que nos dice cómo debemos ser, qué conductas debemos asumir para ser aceptados. Es ahí donde empezamos a vendernos, y a ocultar partes de nuestra personalidad.
En mi caso, una de ellas (que me sale fácilmente al escribir y que trato de ocultar, sin éxito aparente) es la soberbia, lo pedante, la petulancia, la insolencia. Me viene fácil. Pero tampoco estoy orgulloso de ello (se puede caer mal a mucha gente). Qué hacer. ¿Ocultarla, o hacer uso de ella? ¿Qué ventajas habrá en hacer uso de ella? Quizá salen escritos mas interesantes, con un estilo propio.
Pedante: pomposo, pretencioso, afectado, sabiondo, redicho.
Petulante: presumido, fatuo, insolente, descarado, vanidoso.
Aunque en persona suelo ser muy sencillo y humilde, (Ja! Qué contradicción). No se trata de una doble cara. Simplemente de esta gama de aspectos que tenemos en nuestra personalidad y nos hacen completos.
Ya lo dijo Whitman:
¿Que yo me contradigo?
Pues sí, me contradigo. Y ¿qué?
Soy inmenso, contengo multitudes
3/03/2011
3/02/2011
un escritor quiere comenzar de nuevo
del blog de Vila-Matas
"... Quiero que te preguntes finalmente qué sucede si un escritor quiere comenzar de nuevo. Faltan ensayos, estudios acerca de esta delicada cuestión. ¿A qué clase de problemas se ha de enfrentar el escritor que desea volver a empezar? Se me ocurre uno, así al primer bote: tiene que olvidarse de lo mucho que le fascinan algunas de las cosas que ha escrito a lo largo de su carrera. Pero se trata de hacer tabla rasa y convertirse en un escritor que comienza de nuevo, no hay lugar para los sentimentalismos. ¿A qué otros problemas se tiene que enfrentar? A problemas relacionados con la técnica, sin duda. Pero también con su propio mito de escritor y con su propio lugar. Le conté en Nueva York a Sergio Chejfec que a veces me planteaba volver a empezar y soñaba que estaba en el imposible punto de partida. Me dio un consejo, me dijo que no era tan imposible situarse en ese punto, sepultar un día de golpe mi propio mito de escritor. Quizás bastaba con escribir como si fuera otro, hacerlo con un pseudónimo. Nada tranquiliza tanto como una máscara. En mi caso, sería una máscara sobre la máscara que ya llevo puesta. ¿Es una utopía imposible el cambio de identidad como escritor? Es probable que sea una utopía, pero sólo ya plantearse ese cambio puede hacer que se muevan muchas cosas, puede llegar a ser productivo, porque de hecho es una sensación que te puede permitir distanciarte un poco de los mismos mecanismos que has desarrollado y que muchas veces automatizan cómo concebir los libros..."
3/01/2011
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